PASIÓN POR LOS ASCENSORES

En la Sala El Farol de la Universidad de Valparaíso se exhibe una muestra de pinturas del artista Lobsan Durney, a la que ha denominado como "Embajadores- Ensubidores" en referencia a los ascensores porteños que cumplen o más bien cumplían la función de trasladar a los habitantes subiendo y bajando diariamente por más de cien años desde los cerros al plan o de este a la parte alta. De ellos ya casi ninguno queda y a lo mejor de no mediar la desastrosa situación actual serán solo un recuerdo de un elemento característico de Valparaíso.

Durney con mucha imaginación transforma los ascensores y del da una nueva fisonomía. Pasan a perder sus tradicionales nombres para asumir otra forma de identidad. Unos se transforman en barcos, otros en casas de lata que se mueven peligrosamente en el aire. Algunos asumen la identidad de su cerro. Por ejemplo el Monjas se aprecia con pasajeras que son hermanas de la caridad. Los hay convertidos en cerdos ¿será por su limpieza? En varios son los trolebuses los que por arte de magia o de la pintura también se transforman en ascensores.

Incluso llega a modificar el escudo de la ciudad sacando la imagen y el torreón y colocando en su lugar la silueta de un ascensor, elemento que si es un símbolo de la ciudad. Técnicamente compone con panorámicas y centrando el detalle que en todos es la imagen del ascensor. En su procedimiento emplea óleo sobre tela de PVC con pintura CYMK muy brillante y fosforescente. Algo que le quita la sobriedad al óleo ya que una pintura de tipo industrial es más efectista que consistente en su apariencia. Si dejara de emplear ese material sus cuadros adquirirían una mejor imagen.

No le falta imaginación, su propuesta es de crítica a la situación de los ascensores de Valparaíso y contienen sus cuadros bastante humor e ironía. En medio del generalizado pesimismo frente al destino de los ascensores Durney propone una mirada distinta, cercana al surrealismo pero más que nada onírico. Son sus sueños de cómo imagina que se verían mejor los ascensores si asumieran la identidad del cerro al que pertenecen. Fúnebre el del Panteón, armado con cañones el de Artillería, conventual el Monjas, consultorio móvil el del Hospital Van Buren. Bellavista para los que no quieren ver la realidad porteña y si existiera uno a la cárcel tendría que ser enrejado con guardianes, aristocrático el del Barón, con jardines el Florida y con insectarios el Mariposas. Sus ascensores son juego pictórico en torno a un patrimonio en riesgo.

 

Martes 18 de enero de 2011

Por Carlos Lastarria Hermosilla, Crítico de arte